Vuelos Nocturnos

Salpicón de Ideas

por Pablo Alvarez

El 24 de marzo se cumplen 45 años del golpe de estado que derrocó al gobierno democrático en Argentina. Yo, como muchos otros argentinos cuarentones, recordamos esa época de la dictadura desde una perspectiva de la niñez. Una de las historias que me provocaron pesadillas recurrentes, fue la de los vuelos de la muerte. Este era un método de exterminio que consistía en arrojar personas al mar desde un avión, con el fin de asesinar a los detenidos desparecidos y eliminar las pruebas del delito.

Esto es algo que escribí inspirado en esas pesadillas:

Tenían el pecho helado más por miedo que por el frío de las alturas. Por sus frentes rodaba una idéntica gota fría de sudor, que la ráfaga de la ventanilla volvía casi horizontal. Los dos tragaban en seco con el corazón en la boca. Estas congruencias hacían más borrosas las fronteras de la razón y confundían las identidades. El ruido del motor se mesclaba con la vibración de la turbulencia y hacían castañar sus muelas apretadas. Eran polos opuestos que se atraían y rechazaban al mismo tiempo, compartían también la misma confusión, como dos rivales que se encuentran en el suelo tras romperse la cuerda de la cual jalaban. Trataban de ignorar su suerte ya resuelta, pero eran conscientes de la inminente fatalidad. En los próximos instantes, aunque de forma diferente, ambos cambiarían para siempre. Uno sería asesinado y el otro se convertiría en asesino. Los dos quisieran cambiar su destino, pero ambos eran rehenes de esta horrible escena. En sus pesadillas se repetían esta escena soñando ser el otro, con los roles intercambiados. Uno se soñaba joven y subversivo, lleno de vida e inexperiencia; el otro se soñaba más maduro, aburrido de su vida, pero conforme con su seguridad. Uno, en sus sueños, pecaba de ignorante y disfrutaba su estado de perpetuo aprendiz; mientras que el otro, por su lado, se enorgullecía de saber su monótono futuro. El militar y el estudiante realizaban su primer y su último vuelo respectivamente. Ambos trataban de disimular su temor queriendo cumplir con las expectativas de sus papeles; uno rebelde, y el otro obediente. La maldita luz roja se encendió apagando definitivamente la esperanza de un milagroso cambio de órdenes. La pesadilla de sus finales se volvía cada vez más real. Se abrió la puerta lateral del avión y el viento helado empató el frío que sentían por dentro. La abundancia del aire los sofocaba, los ahogaba como la usencia del mismo en el fondo del mar, donde uno de los dos dormiría para siempre. El tiempo se comportaba como en los sueños, algunas veces hacía eternos los segundos, otras tantas, saltaba las horas.

Seguidamente un cuerpo caía al vacío, pero ¿cuál de los dos era, el militar soñando o el estudiante muriendo? El militar confundido, al ver el cuerpo cayendo, temió ser él el estudiante que soñaba ser su propio asesino. Había una sola solución para cambiar el injusto final de este sueño (o realidad.) Un instante después, tras un acto de valentía mesclado con confusión, eran dos los cuerpos cayendo al mar; ya no importaba mucho cual era cual.

Mi nombre es Pablo Álvarez y tengo el privilegio de unirme a la familia de escritores del periódico CNY Latino en el mes de enero 2021. Mi columna tratará de reflejar el mismo grado de diversidad que mi formación académica, por eso decidí llamarla “Salpicón de ideas”. Abordaré temas de la actualidad con un enfoque diverso, y espero también interesante para nuestra comunidad. Aunque suene un poco raro, les propongo una relación más o menos abierta. Digamos que no les prometo ser exclusivo, ya que también escribo ficción, pero les aseguro fielmente dar lo mejor de mí en estas citas mensuales. Espero que hagan lo mismo. Lean lo más que puedan, ya que el conocimiento no ocupa espacio, pero traten de volver todos los meses a este rincón del periódico CNY Latino para seguir cosechando esta amistad.

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