PALABRA VIVA – Mayo 2013

El Sacrificio Aceptado

La palabra sacrificio está definida como abnegación, renuncia o privación que se hace en favor de algo o de alguien. En la escritura vemos que el pueblo de Israel fue instruido a ofrecer sacrificios de adoración, acción de gracias, petición y expiación. En estos rituales se utilizaba típicamente un animal al que se la daba muerte en sustitución por los pecados de algún individuo o del pueblo (Lev 4:13-15). Estos presentaban el animal, confesaban sus pecados y daban muerte al animal. Este era un sacrificio de expiación. Con el tiempo este ritual perdió su esencia porque el pueblo no mostraba arrepentimiento de su conducta pecaminosa y confiaba en que su salvación estaba asegurada por haber traído su sacrificio. El Señor, a través de los profetas amonesta al pueblo dejándole saber su disgusto por su conducta y actitud. (Isa 1:11-15). El Señor aquí les deja claro que su ofrenda no está siendo aceptada por que la actitud en su corazón es totalmente incorrecta.

 En su Palabra el Señor nos enseña cuales son los sacrificios aceptables y cuáles no. Isaías 1:16-17 nos dice “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; (17) aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.”

Este pasaje que debe haber un arrepentimiento, apartarnos de la maldad, dejad de hacer lo malo. Todo esto nos dice que el sacrificio no es simplemente aquello material que presentemos delante del Señor sino que por encima de esto esta nuestro comportamiento con El y con nuestro prójimo. Fíjese que el Señor exige un cambio de pensamiento y de conducta. Una ofrenda agradable es aquella en donde ha habido un cambio en nuestro interior al igual que en nuestro exterior.

En el Salmo 51 nos enseña “Sal 51:16-17 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. (17). Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Este pasaje habla de un cambio de pensamiento que se produce cuando ha habido un arrepentimiento genuino en la vida de un ser humano. Este cambio solo puede producirse cuando el Espíritu Santo obra en nosotros.

El Señor aclara en varias ocasiones que el ser obediente es más importante que ofrecer sacrificios. Vimos esto con el profeta Eli (1 Samuel 3:14) y con el rey Saúl (1 Samuel 15:22) entre otros. En Mateo 23:23 Jesús enseño “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Fíjese que aquí aclara la importancia de la obediencia.

En Mateo 5:23-24 Jesús nos dice “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (24) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” Que nos dice esto, que mi relación con mi prójimo tiene prioridad sobre la ofrenda. Es importante estar receptivo a la voz del Espíritu Santo y no permitir que nuestro orgullo se albergue en nuestros corazones y terminemos comportándonos como los fariseos.

El Apóstol Pablo hablando a la iglesia en Romanos les dijo Rom 12:1-2 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. (2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Nosotros somos esa ofrenda o sacrificio el cual presentamos delante del Señor. Debemos siempre anhelar ser un sacrificio aceptable para El.

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