Un Salto Musical desde Nueva York al Desierto de Espiritualidad de Arizona

En su gira de verano, los Ruimonte actuaron en concierto para los habitantes de la ciudad experimental de Arcosanti en Arizona. Esta localidad supuso un descubrimiento para la española Ana María – “tengo la impresión de estar en otro planeta”-, mientras que Alan ya había estado allí anteriormente en el año 1978 durante el famoso festival de música – “tuvimos suerte porque nuestro coche no entró en estado de combustión aquella noche en que se incendiaron en el aparcamiento”, en aquel suceso que se conoció como “Car-B-Que”.

Diseñada por el arquitecto Paolo Soleri, Arcosanti es una ciudad experimental en continua construcción y expansión sobre la base de la Arcología, donde la naturaleza da la mano a la ecología. En un emplazamiento natural, su diseño alude al sol y a la tierra arcillosa del Gran Cañón de Arizona. Las ciudades actuales llenas de coches, donde se fomenta la individualidad y el consumo, generándose altos niveles de contaminantes, y donde el acceso a cualquier lugar requiere siempre el uso del vehículo, hizo resurgir este movimiento de desarrollo alternativo de un nuevo modelo de vida y convivencia social más acorde con la naturaleza, en los años 70. En Agosto de 2016, habiendo transcurrido más de 40 años desde su nacimiento, aún se mantiene viva y activa. En recital espontáneo, durante una noche calurosa del verano de Arcosanti, y con un fondo de escenario del cielo con las estrellas y una bella Luna, la dulce voz de Ana María Ruimonte, acompañada por los acordes y las notas graves y rítmicas del contrabajo de Alan Lewine, coloreó la noche de música sefardí, boleros y, destacaremos la famosa pieza de Star Trek, que tan apropiada resulta en un espacio como Arcosanti. Al aire libre, bajo la cúpula de gran resonancia “The Vaults”, diseñada por el arquitecto y habiendo sido construida por colectivos colaboradores y creyentes del proyecto y la idea, se originó un eco natural que envolvió todo de magia y música. “Tu voz se escuchó en los cielos esta noche”, dijo Rob Jameson, el manger de tecnología de Arcosant. Al final de la velada, y seguramente atraído por el recital, un pequeño escorpión merodeaba alrededor, ya que los habitantes de Arcosanti conviven pacíficamente con los invertebrados y artrópodos, especies animales del precioso desierto de Arizona.

Días después, y a su llegada a Tucson, los Ruimonte actuaron en su recital “Sephardic Treasures” en la sinagoga Emanu-El, con las canciones de tradición oral de mujer a mujer, de generación en generación, que procedentes de la España del siglo XV, fueron recogidas por musicólogos en el norte de Africa a principios y mediados del siglo XX. Canciones mágicas con un toque moderno y actual que tanto gusta y atrae a todas las personas que lo escuchan y a las que gusta la música y la magia de las historias de nuestros antepasados.

Y, para finalizar la gira, en la Sala al Aire Libre de Monterey Court, enclavado en un centro de artesanía, los Ruimonte actuaron en su recital “9 Siglos de Música en una noche” y los originales de Alan Lewine, junto a Glen Gross, a la trompeta y saxofón. Fue para ellos un cariñoso reencuentro, tras su colaboración en el disco que grabaron en el Teatro KIMO de Alburquerque en 1985, titulado Alan Lewine’s Septet Originales. Algunas piezas se han editado remasterizadas en el disco Sampler de Owlsong Productions. Colaboraron en este recital el músico de Puerto Rico residente en Tucson, Eddie Rodríguez, a la percusión, y el músico nativo norteamericano Tony Redhouse, el cual nos comentó: – “Yo utilizo instrumentos y melodías de los indígenas americanos, de mis antepasados navajos, para unir a todas las almas de este mundo, para traer la paz con la meditación y la música. A diferencia de la tendencia actual de separarnos en sociedades y en razas y del fomento de la individualidad, yo busco lo contrario porque creo que es el verdadero modo de encontrar la paz, la belleza y la felicidad. Trabajo con adictos a las drogas ayudándoles a superar su adición, y con enfermos terminales, en especial enfermos de cáncer, y les ayudo a paliar su dolor con la meditación y con mi música, la música del desierto de Arizona”. Así lo demostró, a la flauta y la percusión, con Alan Lewine, y según Ana María, “la versión de la canción de García Lorca, Las Morillas de Jaén, ha sido sublime, bellísima. Ha sido mágico y sobrecogedor”. “Agradecemos a la Asociación de Intérpretes, Artistas y Ejecutantes de España, por su apoyo en nuestras giras de recitales en vivo y en directo”.

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