La Controvertida Fiesta de Halloween

Cuando tenia 13 anos y vivía en Colombia, mi papa me llevó al cine a ver el Exorcista. Nos encantaban las películas de miedo y disfrazarnos de cualquier cosa. Los piratas, las brujas, los espantos o los diablillos de traje rojo con tridente en mano eran tan solo una diversión; nada que temer. Incluso hoy en día, cuando los muchachos salen a la calle a pedir dulces cantan algo que suena así: “trick or treat Halloween quiero dulces para mí, sino hay dulces para mi se te crece la nariz. Todo esto es  diversión del momento únicamente, como casi todo lo que hacen los niños.

Nunca me detuve a pensar en lo que esas cosas tenían que ver con lo oculto o si era algo que agradaba a Dios. La verdad es que los niños no piensan en cómo agradar a Dios. Simplemente agradan a Dios porque son niños! ¿Recuerda que Jesús dijo “Dejad que los niños vengan a mí”? O, ¿qué tal el verso de “para poder entrar en el reino de los cielos debemos ser como los niños”? La razón es que los niños siempre ven las cosas desde su punto de vista inocente. A medida que crecemos nos volvemos codiciosos y queremos más dulces, disfraces más bonitos, asistir a mas fiestas, tener mejores adornos y después de que conseguimos todo esto, aún no estamos satisfechos y decidimos entrar en el mundo del mas allá, hablar con espíritus y entretenernos con lo oculto. Nunca me intrigó el motivo del Halloween, tampoco lo cuestione. Lo consideraba bueno para mí porque era algo que todos los demás tenían y por lo tanto debía ser parte de mi vida también. No fue hasta que nacieron mis hijos cuando entre de nuevo en la “diversión” de los disfraces. Como la mayoría de las madres, decidí que mis hijos serían angelitos, o caperucitas rojas, o incluso Frankenstein”, pero lo que si es cierto es que no los iba a disfrazar de bruja o de diablillo. Se me hacia terrible la idea.

Por ese entonces, me enteré de los orígenes de Halloween y acerca de las personas que usan ese día específicamente para adorar al demonio. Colombia es el país del Sagrado Corazón de Jesús, muy católico y no sé de ningún grupo cuyo dios sea el diablo. Supongo que fue por eso, que nunca le preste mayor atención a las orígenes del Halloween. Pero las cosas son diferentes aquí en esta cultura y en esta época. ¿Acaso quiero que mis hijos vayan a pedir dulces a un lugar donde la gente puede estar adorando al diablo? Por supuesto que no! ¿O es que vale la pena correr el riesgo de tocar a la puerta de alguien que pueda estar haciendo justamente eso, todo para que mis hijos puedan tener sus dulces? Por supuesto que no! ¿Creo acaso que tiene sentido tomar parte en una celebración, que si bien inocente para mis hijos y trivial para mí, es realmente un gran día para quienes están involucrados con el ocultismo? La respuesta a eso también es no. ¿Por qué? Porque soy una persona temerosa de Dios y, si mi Dios me dice que me mantenga alejada de lo oculto y que no me involucre con los espíritus (incluso en algo tan simple como un disfraz) y con todo lo sobrenatural como la lectura de la palma de la mano; entonces lo que debo hacer es obedecer a mi Dios y alejarme de todo eso. Jesús dijo: “los que me aman obedecen mis mandamientos”. También hay un mensaje de Dios a uno de los profetas en el Antiguo Testamento que dice: “No quiero tus sacrificios, pero si tu obediencia”. Si eso es lo que mi Dios quiere, entonces eso es lo que le debo dar. La obediencia es algo que no es fácil para mi, pero lo intento.

Hace mas de 10 años tomé la decisión de mantenerme alejada de los asuntos del Halloween, cuando mis hijos tenían 5 y 8 años. Les expliqué lo mejor que pude, que teníamos que ser obedientes a Dios y aunque yo estaba tirando a la basura todas mis decoraciones de brujas y fantasmas (ni siquiera me sentía bien regalando esas cosas), nos íbamos a divertir. Como familia en ese momento, teníamos otras opciones: decoraciones de otoño, espantapájaros, fiestas de la cosecha en la iglesia o con los amigos, noches de películas de terror, juegos en la oscuridad, tallar calabazas, etc. En general, he tratado de permanecer lejos de temas diabólicos. No se le puede prestar ninguna atención al diablo ni a sus ángeles. Ellos ya están sueltos por este mundo y si les dejamos capturar nuestra atención, eso aumentaría la brecha que hay entre Dios y nosotros. Este Halloween, piense en el mensaje que sus hijos están recibiendo, y ponga cuidado a quién ellos están ofreciendo su lealtad: al mundo o a nuestro Dios. Cuando los niños son pequeños es cuando nosotros, los padres tenemos la oportunidad de inculcar en ellos nuestra fe, nuestros valores y lo más importante, podemos modelar esas cosas a ellos. Las lecciones que queremos enseñarles se transmiten mucho mejor a través de lo que hacemos, que a través de lo que decimos. Si queremos que nos obedezcan, será mejor mostrarles cómo obedecemos a nuestro Señor y Maestro. Mi Señor y Salvador es el Señor Jesucristo, y es a Él quien yo sirvo. Mis queridos lectores: reciban todos muchas bendiciones en esta temporada de la cosecha!

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