La primera impresión que tuve de Chiapas

La Importancia del deseo por Aprender en la Producción de Alimentos

La primera impresión que tuve de Chiapas, al sur de México, fue: ¡Caramba! Está mucho más verde de lo que yo esperaba. La segunda fue: Esta gente toma muchísima Coca Cola. Ambas observaciones, aunque a primera vista no estén relacionadas, tienen mucho que ver con la agricultura.

Soy estudiante del último año de la carrera de Agronomía Internacional y Desarrollo Rural y siempre me he sentido atraída por situaciones en las que la agricultura y ganadería se mezclan con el interés de progresar. Por eso, cuando me enteré que Cornell ofrece una clase para participar en un viaje de estudios al sur de México, con duración de dos semanas, supe que tenía que ir. Fue una de las mejores decisiones que he tomado desde que comencé a estudiar mi carrera.

Aún cuando vimos muchas maravillas en México, incluyendo las antiguas ruinas de la ciudad de Palenque y las misteriosas aguas turquesa de las Cascadas de Agua Azul en las montañas a las afueras de San Cristóbal, me sentía igualmente deslumbrada por todos los campesinos y granjeros que conocimos durante nuestro recorrido hacia el sur del estado de Chiapas. Son agricultores y ganaderos de todo tipo: de granjas lecheras, de cultivos de maíz, productores de flores y hasta trabajadores de los manglares y de los cafetales. Cada uno lucha contra los retos de la agricultura y ganadería rurales, como el trabajo manual y la baja producción, pero toman en cuenta la buena cantidad de lluvia que hay en el estado de Chiapas, comparado con el resto de México, y se consideran muy afortunados.

Me dio mucho gusto ver que un buen número de estos campesinos y granjeros participan en los proyectos de desarrollo rural, ya sea con organismos no gubernamentales o con universidades locales. Fue muy alentador ver que los [profesionistas] mexicanos tienen interés en la agricultura y la ganadería locales y quieren poner lo que sea de su parte. A pesar de los años que los indígenas se han dedicado a la agricultura y la ganadería, todavía carecen de algunas de las más básicas estructuras de la agronomía moderna. Hay cosas como gallineros para proteger las gallinas de depredadores y enfermedades o refugios para las vacas que disminuirían la contaminación durante la ordeña, que apenas se están introduciendo [en esta zona]. Sin embargo, me sentí alentada al ver lo ansiosos que están los granjeros y agricultores de mejorar sus operaciones. Escuchaban con mucho interés a los trabajadores de campo de las universidades locales [que nos acompañaron] y hasta nos preguntaban a nosotros, meros estudiantes, lo que aconsejábamos para los problemas que tenían. Querían compartirnos sus experiencias y escuchar las nuestras. Querían aprender.

Esta hambre de conocimiento fue lo que más me impresionó de los granjeros y campesinos de Chiapas. Comparados con los grandes productores de los Estados Unidos, los campesinos rurales en México casi no tenían tierra para sembrar sus cultivos. De manera que pudieran sacar suficiente dinero para alimentar a sus familias, manejan sus sistemas de cultivo con mucha creatividad, la mayoría de las veces tienen cinco cosechas en una sola hectárea de terreno. Visitar a uno de estos pequeños agricultores es como caminar dentro de una tienda departamental; hay algo para cada quién.

La cantidad de labor manual que se aplica en operaciones como éstas es impresionante para la persona común. Los campesinos trabajan de sol a sol sin un solo día de vacaciones al año. Aunque esto es lo normal dentro de la industria de la agricultura, la cantidad de trabajo físico resulta insólita en estos tiempos. La mayoría de las fincas modernas tienen tractores y todo tipo de equipo industrializado que hace el trabajo más rápido y fácil, permitiendo tener cosechas más abundantes y más hectáreas en producción.

Los campesinos y granjeros mexicanos tienen toda mi admiración y respeto. No sólo por su habilidad para trabajar durante tantas horas con gran perseverancia, sino también por el deseo de superación personal que poseen. La agricultura en México tiene una perspectiva positiva para el futuro si todos los campesinos [mexicanos] tienen tan buena voluntad de trabajar como los que conocí y la disposición para probar nuevas formas de trabajo y aceptar el consejo de fuentes externas. El potencial de crecimiento y prosperidad está ahí y algunas comunidades rurales y algunas fincas privadas ya están trabajando para lograrlo.

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