El Sueño Americano postergado

El Sueño Americano postergado: EE.UU. necesita arreglar su deteriorado sistema de enseñanza del inglés

Perdidos en medio del bullicio por el debate sobre inmigración que está teniendo lugar en la nación se encuentran los intereses de 23 millones de estadounidenses adultos que no saben hablar inglés adecuadamente. Aunque la mayoría de estos adultos son extranjeros de nacimiento (20 millones), otros 3 millones son ciudadanos nacidos en Estados Unidos, clasificados con una “Competencia Limitada en Inglés”. Y nuestro sistema de programas federales, que podría ayudarlos a aprender inglés, está seriamente deteriorado.

El inglés les atañe a estos adultos. Para los latinos adultos, el domino limitado del inglés contribuye directamente a que abandonen los estudios y sufran una pérdida salarial de $3,000 anuales – costándole a la economía de Estados Unidos un total de $38,000 millones anuales. Pero la competencia en inglés puede ser tan vital y básica como el que los padres puedan comunicarse con profesores y médicos acerca del bienestar de sus hijos: La gran mayoría de inmigrantes se sienten muy motivados para aprender inglés.

Sin embargo, según el Departamento de Educación de Estados Unidos, entre los años 2007 y 2010, sólo el 40% de los que se matricularon en un curso financiado o administrado con fondos públicos mejoró su competencia en inglés. El 60% restante o bien lo dejó o no progresó. La mayoría de programas públicos ni siquiera recoge datos sobre su efectividad ni en qué se gastan los fondos federales y estatales.

En 2009, un estudio de la Contraloría General de Estados Unidos (GAO) halló que la enseñanza del inglés para adultos carece de un enfoque basado en datos empíricos. Según la GAO, el no tener que responder por la gestión conduce al fracaso – un fracaso que cuesta muchísimo a los contribuyentes así como a los estudiantes adultos, muy especialmente a los inmigrantes.

¿Por qué no están funcionando estos programas? La culpa recae principalmente en los programas públicos diseñados para enseñar inglés: no satisfacen las necesidades de los estudiantes adultos que los cursan. Y puesto que el dinero público fluye independientemente de los resultados, si acaso los supervisaran, no hay incentivos para adaptar estos programas o adoptar mejores prácticas.

Si los legisladores realmente tienen interés en la asimilación de los inmigrantes, deberían recurrir a mejores prácticas, en las que el sector privado y las organizaciones sin ánimo de lucro están siendo pioneros. A diferencia de los programas públicos, las organizaciones comunitarias tienen la obligación de responder por su gestión ante sus estudiantes y donantes. La implementación de buenos sistemas de responsabilidad en la gestión, especialmente en lo que respecta a la fiabilidad de los datos, ha producido impresionantes resultados para muchas de estas organizaciones.

Para organizaciones comunitarias sin ánimo de lucro como el Centro de Enseñanza Puente, de Los Ángeles, la base de su enfoque ha sido saber adaptarse a las necesidades de sus estudiantes. De acuerdo a su director ejecutivo, Luis Márquez: “Establecemos la situación de los alumnos evaluando sus habilidades, luego diseñamos un programa basado en sus puntos fuertes y apuntalamos sus capacidades para que vayan tan lejos y tan rápido como quieran”.

El modelo de enseñanza Puente, denominado enseñanza híbrida, utiliza flexibles lecciones y evaluaciones informáticas que ayudan a multiplicar el efecto del empeño de los profesores de Inglés como Segundo Idioma (ESL) al proporcionarles datos útiles y puntuales para identificar las debilidades de los estudiantes y centrar su atención en ellas. Sólo en el año 2005, el 85% de los estudiantes adultos de Puente mejoró su competencia en inglés, en comparación con el 40% como resultado promedio de los programas públicos de ese mismo año.

Otro modelo prometedor es el de las escuelas chárter para adultos, como la Escuela Pública Chárter Internacional Carlos Rosario, de Washington D.C. El modelo de Rosario divide el plan de estudios en cursos de 10 niveles y los puestos se asignan según los resultados de rigurosas pruebas de competencia tanto en lectura como en escritura. Una vez asignados a un nivel, los estudiantes de Rosario reciben lecciones individualizadas y con objetivos determinados según sus necesidades y fines específicos, en contraste con los planes de estudios de modelo único que ofrecen los programas públicos.

Rosario incentiva el aprendizaje estudiantil ofreciendo a sus alumnos programas de preparación laboral una vez que alcanzan un nivel concreto de competencia en inglés y entre los que se incluyen programas de reparación de computadoras, culinarios y de auxiliar de enfermería. Este tipo de enfoque está haciendo que un 87% de los alumnos de Rosario en los niveles 1 y 4 pasen sus respectivos exámenes de competencia y avancen al siguiente nivel. Otra característica fundamental de las escuelas chárter para adultos como la de Rosario es la obligación de tener que rendir cuentas. Si los resultados son insatisfactorios, los estudiantes buscarán otras opciones mejores. Es más, hay sistemas de supervisión en vigor que eliminan el suministro de dinero del contribuyente cuando una escuela chárter ya no cumple con las necesidades de la comunidad.

Rosario y Puente no están solos, pues una gran número de organizaciones sin ánimo de lucro y del sector privado están logrando éxitos similares, ayudando a los estudiantes en edad adulta a alcanzar su competencia en inglés. Los responsables políticos harían bien prestando atención a estos programas – fundamentados en la obligación de rendir cuentas, en una rigurosa recogida de datos y, lo más importante, en el deseo y la flexibilidad de satisfacer cualesquiera que sean las necesidades del alumno adulto.

Antes de afianzar aún más el sistema público de ESL con más fondos y mandatos, los responsables políticos deberán reformar el deteriorado sistema. El dinero del contribuyente se debería canalizar hacia organizaciones comunitarias que estén teniendo éxito en sus programas. Todos los estadounidenses, especialmente los alumnos de inglés y las comunidades de inmigrantes, saldrían ganando.

Sean Kennedy es investigador del Instituto Lexington, centro de investigación sin ánimo de lucro con sede en Arlington, Virginia, y es co-autor del reciente informe, “Repairing The Nation’s Education System for Adult Learners” publicado en el mes de julio.

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