América para los Americanos (Parte 1)

por Miguel Balbuena

James Monroe, el quinto presidente de los Estados Unidos, proclamó el 2 de Diciembre de 1823, su doctrina, la cual a menudo es resumida por la frase “América para los Americanos”, aunque este lema no se encuentra en ninguna parte del texto del documento que explica la Doctrina Monroe.

Un asunto que vale la pena explorar es si una política simétrica como “América Latina para los latinoamericanos” es factible ahora, en esta era de globalización. A este efecto, podría ser útil considerar el impacto del anuncio de Monroe en otros continentes. Por ejemplo, ¿han habido movimientos que buscan una “Europa para los europeos”, “Asia para los asiáticos” o “Antártica para los antárticos?”

Después de asistir a la Conferencia de la Región Este de la Asociación para el Estudio de Civilizaciones Africanas Clásicas (AECAC) los días 21 y 22 de Octubre de 2016, en la Capilla Ciudad de los Creyentes en Syracuse, me parece que su implícito impulso por “África para los africanos” es algo que los latinoamericanos podrían querer contemplar si fuere una referencia válida para ellos mismos.

AECAC fue creado en 1984 por seis académicos, todos ellos con un doctorado: Asa Hilliard III, Yosef Ben-Jochannan, Jake Carruthers, John Henrik Clark, Leonard Jeffries y Maulana Karenga, iniciador del feriado Afro americano de Kwanzaa.

Tanto América Latina como África fueron colonizadas por potencias europeas y una trayectoria histórica del continente africano fue presentado en el evento de Syracuse, cubriendo el tiempo entre dos importantes asambleas: la Conferencia de Berlín de 1884 y 1885, y el V Congreso Panafricano de 1945 en Manchester, Inglaterra.

La Conferencia de Berlín dividió a África entre siete países del Viejo Mundo: Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, Bélgica, España y Portugal. El Congreso Panafricano intentó rectificar esta situación. Uno de sus organizadores fue el dirigente de la independencia Ghanesa Kwame Nkrumah, quien luego escribió los libros “África Debe Unirse”, en 1963, y “Neocolonialismo: la última etapa del imperialismo”, dos años después.

Mfundishi Salim, hablando en una de las cuatro plenos del evento local, dijo que África aún enfrenta el legado de la Conferencia de Berlín. El dijo: “Los dirigentes africanos educados en Europa y los Estados Unidos controlan nuestro sistema educativo y perpetúan la dominación”. El remedio, él agregó, era promover un “sistema educativo panafricano como una herramienta para restaurar y transmitir” conocimiento tradicional.

Jeffries dijo que instalando grupos de estudio ayudaría en “la obligación de configurar el plan global africano, la agenda global para la familia africana”. “Sumérgete en los libros, olvídate de las apariencias”, él agregó. “No sólo estamos resistiendo, estamos resistiendo con conocimiento. Esto significa que la victoria está cerca”. Jeffries le dijo a la audiencia que él estaba en contra de considerar “integrando (a los africanos) en la sociedad blanca, ni siquiera en la Casa Blanca” antes de no haberse integrado los africanos entre sí mismos primero.

Modell Gault, presidente de la región este, agregó: “Lo que estamos diciendo no está siendo proyectado en los medios de comunicación de masa, en los libros de historia. Tenemos que convertirnos en pensadores críticos, nuestro conocimiento tiene que ser confirmado”. Seguidamente él cuestionó el punto de vista que Malcolm X, un exministro de la Nación del Islam asesinado en el 1965, era un integracionista con la predominante comunidad blanca, como Gault alegó que algunos personajes a quienes no nombró estaban diciendo hoy en día.

Sobre el tema de estudio y conocimiento, Kaba Hiawatha Kamene, el expositor del pleno final, sugirió que el estudio “conduce al instinto intuitivo” a medida que el estudio enciende las neuronas en el cerebro al llenar las sinapsis con neurotransmisores. Una sinapsis es la unión entre la dendrita de una neurona y el axón de otra contigua. Las dendritas procesan la entrada de señales; los axones procesan la salida de señales. El concluyó, “Necesitamos distinguir entre el contenido y la intención (del estudio). El contenido es lo que tu enseñas, la intención es cómo tu enseñas”.

Yo, por mi parte, puedo empatizar con la perspectiva de Kamene ya que yo tiendo a gravitar hacia actividades que hagan cosquillas en mis neuronas y trato de mantenerme alejado de aquellas que las embrutezcan. Por ejemplo, observar películas de La Nouvelle Vague francesa como “Hiroshima mi amor” (1959) de Alain Resnais, “Fahrenheit 451” (1966) de Francois Truffaut  y “Fin de semana” (1967) de Jean-Luc Godard estimularon mis neuronas; ver las colecciones de Hollywood “Mi Villano Favorito” y “Guardianes de la Galaxia” torturaron a mis neuronas al punto de ocasionarles apoptosis prematura.

Acerca del autor: Miguel Balbuena es un escritor en los campos académico, científico, periodístico y literario (en los géneros de ficción y no ficción).