Populismo en América Latina

Populismo en América Latina
por Miguel Balbuena

Hay individuos que tienen su pie derecho plantado en una cultura en América del Norte y su pie
izquierdo igualmente plantado en una cultura en América del Sur. Carol Graham, la Asociada Mayor en la Institución Brookings Leo Pasvolsky, encaja perfectamente en esta categoría especial de personas.

“A pesar que me crié en parte en los Estados Unidos (y soy ciudadana de los Estados Unidos), nací en el
Perú y tengo un fuerte fundamento en cada cultura”, escribió Graham en su libro “¿Felicidad para todos?: Desiguales Esperanzas y Vidas en Persecución del Sueño Estadounidense”, publicado hace dos años.

El 13 de Septiembre ella llegó a la Universidad de Syracuse para impartir la Exposición Conmemorativa
Herbert Lourie sobre Política de Salud, administrada por su Centro de Investigación de Políticas.

En la presentación, ella habló sobre la inspiración que recibió de su padre, George, un médico quien,
durante la década de los años 60 y 70, realizó trabajo de campo con el Instituto de Investigación
Nutricional en Lima, Perú, donde ella nació en el 1962.

“Hace más de cuarenta años, mi padre escribió un artículo seminal en los Archivos de Salud Ambiental, titulado ‘Los altos costos de ser pobre’. El y su coautor documentaron los costos más altos que los pobres pagaban por servicios esenciales, tal como adquiriendo agua de camiones cisterna y usando kerosene y velas en lugar de electricidad. Los pobres pagaban aproximadamente quince veces más por unidad en promedio que lo que los ricos pagaban por agua corriente y electricidad, mientras que los servicios que adquirían, como el agua contaminada, eran claramente inferiores. No fue sorprendente que las consecuencias de salud de sus hijos sufrieron. Ahora, esos mismos barrios marginales urbanos donde él, y luego yo, hicimos investigaciones, tienen acceso a servicios públicos y albergan a una prosperante clase media”.

Esta injerencia de su padre la motivó a seguir sus pasos, lo cual inicialmente resultó en la escritura de su
primer libro, “APRA del Perú. Partidos, Política y la Elusiva Búsqueda de la Democracia”, publicado en 1992, mientras era académica invitada en el Programa de Estudios de Política Exterior de la Institución Brookings.

El acrónimo APRA significa Alianza Popular Revolucionaria Americana, términos en español para American Popular Revolutionary Alliance, una organización civil populista fundada en 1924 por Víctor Raúl Haya, quien entrenó a Alan García y Carlos Roca como sus futuros líderes. En el libro primero ella contrasta este partido con el régimen militar populista, presidido por el General Juan Velasco del ejército, quien gobernó al Perú entre 1968 y 1975. Más adelante en esta publicación también contrasta al APRA con tendencias más rebeldes, como los neoestalinistas, maoístas, trotskistas y castristas, agrupados en el Partido Unificado Mariateguista (PUM) y la Izquierda Unida (IU).

Graham escribió: “Sin embargo, la renovación del partido no estuvo ocurriendo en un vacío. Hubo una
corriente de actividades, ya que, concurrente con el surgimiento de la izquierda política, aumentó el
número de centros de estudios e institutos de investigación afiliados con la izquierda, centrados en las ciencias económicas y sociales. Algunos de estos recibieron fondos de los ‘Velasquistas’ en el gobierno, así como fondos externos. El APRA, dominado monopolísticamente por Haya y enfocado exclusivamente en sus obras, de muchas maneras preparó una base de dirigerencia menos capaz y educada que la izquierda. Si bien los pocos elegidos por Haya, como Alan García y Carlos Roca, pueden haber florecido bajo esta estrategia, la renovación no necesariamente afectó a los rangos en general del partido. A lo largo de los años de Velasco, sólo había dos locales del APRA funcionando en el país. Los miembros de la izquierda marxista fueron usualmente educados en la más prestigiosa Universidad Católica, y en total tenían más fondos disponibles para capacitación. La falta de talento en los escalones más bajos de la dirigencia, aunque no fue evidente cuando los más talentosos del partido funcionaron como redactores en la Asamblea Constituyente o como dirigentes de la oposición, más tarde fue expuesta cuando el APRA estuvo en el poder. Si bien Haya pudo renovar el partido lo suficiente como para actuar una vez más como una poderosa máquina electoral, y capacitar a unos pocos líderes hábiles, no pudo reparar el daño que décadas de persecución, sectarismo y vacilación ideológica habían hecho a la imagen del partido, ni pudo recuperar las deserciones resultantes de jóvenes talentosos”.

Acerca del autor: Miguel Balbuena es un escritor en los campos académico, científico, periodístico y
literario (en los géneros de ficción y no ficción).

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