¿De Hoy para Mañana?

Un Momento de Reflexión
por Lilia M. Fiallo

Samanta permanecía en un estado de letargo, que cada día más, parecía una roca inamovible, comiendo sin control todo lo que quería y se agudizaba su ansiedad, en los días en que trabajaba por noche. Como su actividad laboral no le exigía ejercicio, permanecía en una quietud casi que absoluta por lo que su peso aumentaba y el uniforme por momentos parecía encogido.

Pasaban las navidades como si fuera un mes más de olvido, sucumbiendo en la más profunda de las soledades, la que se confabuló con su autoestima que poco a poco hacían de ella, un robot caminando.

En otro punto del planeta estaba Janeth con el mismo problema. Se levantaba muy de mañana para llegar a tiempo a la oficina, sitio en donde permanecía sentada 8 horas, dando cortos pasos a su alrededor, hasta la hora del almuerzo, tiempo para seguir descansando, pues del lugar de trabajo, no se movía, continuando así hasta terminar la jornada laboral.

Corriendo los años que, como un verdugo, reflejan el inexorable paso del tiempo en los seres vivientes, haciéndose notorio el abandono en los seres humanos. Su cabello largo y descompuesto, completaba una figura poco atractiva.
Por lo general, cuando una persona sobrepasa su peso ideal, pareciera que se encogiera debido a su gordura, entonces se ve pequeña. No solamente eso, su salud se va deteriorando.

Una frase muy contundente que escuché y que me impresionó muchísimo fue: “El gordo llama más gordo”.

Entonces, a medida que la persona va comiendo, se va engordando y ese gordo es una masa que se va cultivando, llamando más gordo.

Y es que la prohibición es causa del apetito, dicen; y es real, porque a los ojos de la gran mayoría de personas llama mucho la atención, los pasteles, el chocolate, los caramelos, los helados, postres y todo lo de panadería y pastelería.

Es como los medicamentos; a la gran mayoría de personas, no les gusta los medicamentos porque saben feo, pero si les gusta el licor que también sabe feo y por momentos quema la garganta, pero eso no importa.

Es la incomprensión de los seres humanos, comemos todo lo que nos hace daño y preguntamos, por qué estamos enfermos. Los seres irracionales en cambio, nos enseñan a comer una comida bien balanceada; las vacas, por ejemplo, comen hierba y toman agua siempre. Pero alguien dijo: “¡De todas formas nos tenemos que morir!”. Sí es verdad, pero con lo corta que es la vida, ¿por qué no vivirla, con salud, tranquilos y en paz?

En un programa en la televisión no hace mucho tiempo, hablaban de éste tema que es bien alarmante y hacían alusión, de que si los padres estaban con sobrepeso, no se detenían a pensar en sus hijos y permitían sin la más mínima objeción, que los niños también, comieran alimentos nada saludables y presentaron a una pareja con su hija de aproximadamente siete años, que entre los tres sumaban 457 libras, por lo que la presentadora dijo: “¡Uno no se engorda de hoy para mañana!”.

Increíblemente, después de tantos años, en su cumpleaños número 37, Samanta tomó la decisión de parar de comer alimentos chatarra y para Diciembre del año pasado lucía esbelta y saludable.

Janeth en cambio, después de una y varias dietas, la sorprendió Diciembre comiendo todas las delicias de la temporada, prometiéndose que a partir de Enero de éste año, pondría fin a ese juego nada saludable.

¿Tomar agua? ¡No me gusta! Es un antídoto contra el hambre. Una taza caliente en la mañana, con un poco de limón es de gran beneficio para el organismo.

Hace tiempo que escuché; dos o tres tazas de agua caliente con limón antes de cada comida, no permite el sobrepeso, ¡así que manos a la obra y a conservar la salud!

Lilia M. Fiallo nacida en Bogotá, Colombia, lugar en el que, entre tareas y ratos libres, encontró un espacio para escribir sobre temas, de alguna manera olvidados por otros. Con letras de oro grabadas en su memoria, inició su vida laboral, en el corazón de la parte técnica, del control de tránsito aéreo de su país natal. En medio de fraseología y códigos aeronáuticos, el mundo de la aviación le dio una de las más elevadas experiencias, por la precisión que requiere este oficio, donde un solo error, podría costar muchas vidas. Es ahí, donde en su inquietud por comunicar sus ideas, comienza a escribir con dedicación, temas un poco relegados por la sociedad, la Iglesia y el Estado. Al descubrir una verdad de la que nadie quiere hablar, pero mucho más real y cotidiana, de lo que parece. Es así, como surge esta, su primera obra, “Parir por parir”. Puedes encontrar su libro en venta en Amazon.

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